- La gripe no atiende a razones
Me apretaba de nuevo la garganta.
Sí, una tos con vida propia,
se movía en mi interior como una gota
de aceite recién hervido.
.
Me mentía hasta la fiebre, eso sin duda…
engañaba a todo el mundo, yo incluido,
pues tanta tos y tan, tan repentina…
no podía ser sino una gripe. Qué oportuna.
.
Me movía entre los sueños sudorosos.
Me acercaba hasta las puertas del infierno. No pensaba.
Y tan sólo una pastilla color rosa
me sacó de aquel abismo sin fortuna…
…y lo que es sentir, ¿sentir? no siento nada.
.
Ahora no respiro y sufro cuando toso
suponiendo para mi todo un respiro
y aunque sé que dura y tarda una semana
eso, mis delirios, que yo sepa, no lo usan
y es que a ellos no les sirven para nada.
-
Son tan, tan distraidos.
