Nada.
Todo sigue igual en el puesto de observación.
El material de camuflaje obtenido en el mercado negro, no era sino una solución pasajera.
Las aves se mostraban con naturalidad, mientras mi cámara de fotos disparaba sin contemplaciones.
El parque natural es un lugar mágico.
Veréis.
Todos los animales interactúan entre ellos…como si se conocieran. Pero en realidad se trata de miedo. Todos sin excepción temen ser comidos. Pero al mismo tiempo, están pensando en comer. Así que todos entienden la sensación y temen…todo el rato.
Y eso lo sabemos los observadores. Por eso nos anticipamos para así, poder grabarlo todo. Y descubrirlos.
Pero entonces aparecieron los furtivos. Gente mala. Y mi corazón me delataría si seguía haciendo tanto ruido.
Pero allí estaban, impunes, llevándose la vida en sacos como si fueran trofeos…sonriendo y sabiendo incluso, que yo les observaba. Chulos y muy sobrados.
Los animales siguen temiendo ser comidos. Pero ignoran que no todos formarán parte de alguna dieta. No serán digeridos.
Tan sólo disecados. Para ser testigos de preciosas alfombras rojas. Lo peor, es perder la cabeza.
Dedicado al ministro de justicia, y al juez de moda.