Buena gente. Eso es lo que se encuentra uno en este tipo de eventos. La última vez que Barón Rojo actuó en Coruña,en 1983, el concierto fue calificado de alto riesgo. En esta ocasión, sólo hubo un dispositivo “normal”.
La media de edad, sin temor a equivocarme, podía superar tranquilamente los 40 años. Y a pesar de las melenas que algunos aun conservan, las calvas brillaban con la luz de los focos. Han pasado 30 años y esas cosas se notan.
No me gustan los precios que alcanzan las bebidas en el interior de los recintos, y por eso, lo mejor, es ir provisto de unas cuantas litronas y llegar un par de horas antes. De este modo, encuentras a viejas glorias y amigos que hace mucho tiempo que no ves por cuestiones de la vida. Y se entra en ambiente poniéndonos todos al día. Y la verdad, es que parece que todos nos hubiéramos visto ayer.
Tres horas y media de concierto, dan buena cuenta del estado de forma de esta formación que abrió caminos. Sin caer en sentimentalismos, tanto el público como los músicos, lo hicimos bastante bien. Ellos estuvieron a gusto, y nosotros saltamos como locos.
Sólo un pequeño incidente en el baño, cuando una de las sanitarias cayó redonda a causa de una lipotimia. Menos mal que conseguimos que no se ahogara con sus propios vómitos y con un poquito de aire y una postura adecuada, se recuperó aunque acabó en enfermería. Salud, Patricia.
Y poco más. Unas fotos que muestran lo que se juntó allí.
Salud y larga vida al Barón.